domingo, 6 de febrero de 2011

La educación móvil de hoy



La educación escolar siempre implicó movilidad. Mi abuelo recorría cinco kilómetros cada tarde, a lomo de burro, para llegar a su escuela primaria. Mi padre se mudó a una ciudad vecina para cursar la educación secundaria, y luego a la ciudad capital para asistir a la única universidad del país. Cuando yo me gradué de arquitecto, había que viajar al extranjero para hacer estudios de maestría. Mis hijas asisten a clases presenciales en la universidad al tiempo que siguen cursos en línea. Supongo que mis nietos se “conectarán para aprender” en lugar de “asistir a estudiar”.



Hoy, la educación móvil recurre al uso de tecnologías computacionales inalámbricas para impulsar y mejorar los procesos de aprendizaje. Computadoras portátiles, agendas personales digitales, teléfonos celulares inteligentes, ipods, ipads y sistemas de posición geo-referenciada constituyen potenciales herramientas de aprendizaje. Pero, ¿han tenido aceptación estas novedades en los entornos educativos? Me parece que los estudiantes las han recibido con entusiasmo, pues ya formaban parte de su cultura; muchos profesores, con desconfianza, porque las perciben como amenazas a su autoridad; las instituciones, con escepticismo, dado que estos artilugios cuestionan tanto el contexto como la práctica educativa.


Los docentes necesitamos empoderarnos sin dilación de estas tecnologías para convertirlas en aliadas y aprovechar sus muchos atributos positivos. Ellas facilitan la comunicación con y entre los alumnos, permiten el acceso a materiales, conferencias, bases de datos, juegos educativos, cursos en línea y, en general, potencian la posibilidad de una educación ubicua y asincrónica y brindan experiencias de aprendizaje individualizadas y significativas. Para aumentar su provecho, en un sentido curricular, es necesario que la gerencia de las instituciones educativas se sensibilice a favor de estas tecnologías, que los profesores nos adiestremos en su uso y que los estudiantes sean integrados al diseño de guías que orienten su utilización. También conviene reconocer y asimilar los modos de interacción propios de estas tecnologías, tales como la retroalimentación inmediata y la estructuración por niveles de competencia.


Opino que las estrategias de implementación en actividades escolares deberían resultar de la experimentación de cada docente en su práctica particular, promoviendo el uso integrado de varias tecnologías. Estas estrategias se podrían diseñar desde el paradigma psicológico sociocultural, tomando en cuenta la tendencia a auto-organizarse de manera espontánea del fenómeno social del uso masivo de celulares. Creo que, en conjunto, el uso de estas tecnologías emergentes promovería habilidades contextualizadas en los entornos socio culturales de los alumnos, incorporando al ámbito educativo la información y el conocimiento que los alumnos derivan de sus vivencias extracurriculares.


Este fenómeno podría estudiarse desde perspectivas tan diversas como su nivel de aceptación, su valor motivacional, su eficacia como herramienta para acceder a información o para catalizar el aprendizaje colaborativo, o su aporte en contenidos no textuales (sonido, imagen y video). Las unidades de análisis para esos estudios son igualmente ricas en variedad, siendo relevantes las que se refieren a los usos: buscar (información, programas), socializar (comunicarse, coordinar, encontrarse), intercambiar (comprar y vender, compartir información y tecnología), crear (contenidos textuales y gráficos, colecciones, registros), o procesar (evaluar, analizar, programar).


Por su valor motivacional y su arraigo cultural entre los jóvenes, estas tecnologías emergentes de la comunicación están siendo incorporadas progresivamente al aprendizaje sistemático. El desarrollo de nuevas alternativas de interacción, el diseño de materiales didácticos y actividades de aprendizaje específicas y el logro de acuerdos estratégicos entre los productores de tecnología y las instituciones educativas, consolidan la educación móvil como una realidad característica del principio de siglo.


Mi abuelo decía que los jóvenes no debían disponer de dinero, pues eso los desviaba de sus estudios. Mi padre, en cambio, creía que la mayor distracción para los jóvenes consistía en tener su propio automóvil. Yo, desde mi posición de docente, pensaba que los teléfonos celulares eran mis adversarios en el salón de clases. Creo que al fin todos nos equivocamos, pues el dinero, el automóvil y el celular son apenas recursos, y es su uso a favor o en contra de las metas educativas lo que realmente hace la diferencia.

3 comentarios:

  1. Leopoldo, coincido contigo en cuanto a la necesida de sencibilizar a las instituciones en el uso de la tecnología. En cuanto a su implementación, aunque el paradigna sociocultural es indiscutible, considero debería ser acompañado de otros paradignas como el contructivista y/o el conductista, para que no suceda lo que me comentas en mi blog,- el "determinismo tecnológico"; esto es, el escenario en que la tecnología sea más importante que el pensamiento y las destrezas tecnológicas se valoren más que la capacidad reflexiva.- .

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  2. Creo que tienes mucha razón en tu comentario final, en realidad los objetos materiales no son en sí un aliado o enemigo, más bien es la forma en que los utiicemos lo que determinara esto, y para eso es importante desarrollar las competencias profesionales necesarias, para dar respuesta a lo que el contexto social que estamos viviendo nos ofrece y nos pide a la vez, saludos Belem

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  3. Leopoldo agregaría a tu sustentada e importante opinión, que todos estos implementos tecnológicos deben aportar al aprendizaje del ser humano en el crecimiento de sus valores, para hacerlo mas justo, mas humano aunque tienda a ser mas individualista en su entorno inmediato. Se puede incluir dentro de las funciones del docente la de humanizar el uso de este tipo de tecnologías, inculcando en el estudiante el verdadero valor de las relaciones interpersonales entre familia y amigos, dando un tiempo y uso determinado a estos implementos.

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